martes, 11 de agosto de 2009

LAS SUPERSTICIONES DEL BEISBOL

Las supersticiones son parte de nuestro diario vivir, sin embargo existen en el béisbol también. Los peloteros no son la excepción a la regla. La superstición toma su lugar cuando pasan cosas extrañas como cuando por una piedrecilla, un roletín muerto se convierte en hit o un resbalón hace que la carrera de la victoria se convierta en doble jugada.


Es un secreto a voces, que un sinnúmeros de peloteros usan un uniforme sin lavar por varios días, mientras atraviesan una racha de bateo o llevan una cadena de triunfos. Entre las supersticiones que abundan en el béisbol desde la era de las "bolas de trapo", está la de los bates cruzados en el terreno de juego, o en el sitio donde se tienen cerca del banco de los jugadores. Ello habrá de traer malas noticias o que alguien se irá en blanco ese día.


Eddie Collins fue el primero en ponerle goma de mascar al botón de la gorra a manera de amuleto, cosa que es común hoy en día entre varios peloteros.Varios guardabosques pisan la primera, la segunda o la antesala antes de coger sus respectivas posiciones defensivas. Algunos lanzadores siempre entran al terreno de juego con el mismo pie.

En los viejos tiempos, los peloteros se cambiaban de ropa en el hotel y procedían al parque todos juntos. Si frente a ellos pasaba una carga de barriles vacíos, se decía que alguien entraría en una racha de bateo.

El dirigente de los Gigantes de Nueva York, John McGraw, antes de comenzar la Serie Mundial de 1905, alquiló varias mulas para que halaran un buen número de barriles vacíos por la calle en un momento preciso.
Los Gigantes, puede estar seguro, que pasaron frente a los barriles y derrotaron a los Filis de Filadelfia en el Clásico, 4 juegos por 1.Se dice que su un pelotero se encuentra un prendedor de pelo de mujer eso significa que conectará un sencillo.

Si lo recorta un barbero y ese día "acaba" bateando, volverá a recortarse con ese barbero, mientras hay quien dice que si se pasa frente a un hato lleno de heno, su equipo ganará ese día.

Se dice que los serpentineros prefieren no recortarse el día que les toca lanzar, mientras que a los bateadores no les gusta prestar sus bates, por temor de que los hits vayan a parar a manos del que "pide prestado".

Y las estrellas no han sido la excepción. Cuántos recuerdan que el astro de los Filis de Filadelfia, Robin Roberts, entre lanzamientos se doblaba y se arreglaba los pantalones y quien diría que Ted Williams también era supersticioso, aunque él lo niegue.


El dirigente de los Senadores de Washington, acostumbraba ponerse el bate bajo el brazo y ceñirse la gorra firmemente con las dos manos, después de dos strike, tercera base camino a los jardines y nunca le daba la espalda al plato luego de entrar al cajón de bateo.

Y en esto entran los colegas que narran partidos. Cuando se viene cocinando un juego sin hits ni carreras, a fin de evitarle mala suerte al lanzador en cuestión, no mencionan la gran labor que va realizando el serpentinero.

Son muchos los que se persignan antes de batear, en su matyoría en el redondel de espera, o camino a la caja de bateo, pero el cubano Tony Taylor lo hacía en el cajón del bateador y con el bate en la mano.

Por eso no es de extrañar que el posible entierro de una camiseta de los Medias Rojas de Boston en la base del nuevo estadio de sus rivales Yankees de Nueva York llame la atención al punto de merecer una mención especial en las noticias deportivas.

La noticia no es que una camiseta mezclada en el cemento pudiera afectar la fortaleza de la estructura del parque. Ni aún varias docenas de camisetas y pantalones, e incluso otros artículos, significarían un vicio de construcción que pusiera en riesgo la inversión de más de mil millones que se hace en la nueva casa de los Yankees.

Lo importante es que la camiseta enterrada es de los Medias Rojas, un equipo que pasó 86 años antes de ganar un título de la Serie Mundial, supuestamente por haberle vendido a Babe Ruth a los Yankees.

La "Maldición del Bambino", así se llamó a la sequía sin campeonatos que tuvo Boston entre 1918 y 2004. Pero claro, nadie ha explicado qué fue lo que pasó o de qué manera se rompió el conjuro para que los Medias Rojas ganaran la Serie Mundial dos veces en las últimas cuatro temporadas (2004 y 2007).

Los Cachorros de Chicago no asisten a la Serie Mundial desde 1945, a pesar de ser uno de los clubes más populares y rico de las Grandes Ligas. La explicación es que los Cachorros sufren la "Maldición de la Cabra de Billy" por no haber dejado entrar un fanático con su chivo al cuarto partido de la Serie Mundial entre Cachorros y Detroit.

Pero antes del episodio de la cabra en Wrigley Field, Chicago tenía 37 años sin ganar, por lo que en el 2008 están cumpliendo un siglo sin celebrar un título.

Y aunque parezca risible, hasta los egresados de las más prestigiosas universidades de Chicago (DePaul, Chicago University, etc.), Boston (MIT, Harvard, etc.,) y Nueva York (Columbia, NYU, Cornell, etc.) creen firmemente en esos razonamientos.

Quien no crea en las supersticiones, entonces no es fanático del béisbol. Un jugador que no crea en algún tipo de superstición, está en la profesión equivocada.

Algunos jugadores no cambian su ropa interior durante una buena racha de bateo. Los lanzadores abridores no ofrecen entrevistas el día de su asignación. Es poco probable que alguien en la cueva mencione a un pitcher que está lanzando un partido sin hits. Es normal que un jugador se deje crecer la barba hasta salir de una mala racha, mientras que otros se recortan al rape para conseguir el mismo objetivo.

¿Quién no ha visto un grupo de jugadores millonarios con las gorras al revés con el fin de provocar una reacción en la parte final de un partido que van perdiendo?

Como les decía, las supersticiones son parte del juego, de su esencia, de su cultura.

Roger Clemens no dejaba de tocar la figura de Babe Ruth en la zona de los monumentos cada vez que lanzaba en Yankee Stadium, una costumbre que comenzó cuando era el lanzador estelar de los Medias Rojas.

Turk Wendell, un lanzador que debutó con los Cachorros en 1993, se cepillaba los dientes en medio de cada entrada cuando abría un juego.

Ichiro Suzuki envuelve sus bates en papel de seda antes de colocarlos en una caja para que supuestamente no se golpeen mientras los trasladan de ciudad. De acuerdo al gran jardinero japonés, los utensilios de jugar tienen "alma" y hay que tratarlos con delicadeza.

Craig Biggio, Vladimir Guerrero y Manny Ramírez no permiten que limpien sus cascos de batear durante toda la temporada y Moisés Alou, quien al igual que Guerrero es miembro del reducido grupo de jugadores de Grandes Ligas que no usan guantillas para batear, lava sus manos con su propia orina para hacerlas más firmes durante la temporada.

Pero no creo que ninguna teoría supersticiosa sea tan pintoresca como la de un gran bateador dominicano de las décadas de los sesenta y setenta. Obviaré el nombre real de ese personaje por respeto a su esposa y simplemente lo llamaré "Rich".

Rich , quien era un amante desenfrenado, creía firmemente que los asuntos sexuales están amarrados directamente al desempeño de un jugador en el terreno.

Rich clasificaba a las mujeres con las que sostenía relaciones sexuales dependiendo de su actuación en el partido siguiente al encuentro: "Bateadora" (cuando Rich pegaba dos o tres hits, con al menos un extrabase, en el juego), "Jonronera" (si Rich lograba sacar la bola del parque), "Fábrica de sencillos" (si solamente pegaba batazos de una base), "Mala Bateadora" (si a Rich le iba mal en el plato) y la peor y más temible era "Ponchona" (si Rich se ponchaba más de una vez en un juego).

De acuerdo a su clasificación, Rich removía cielo y tierra para volver a llevar a la cama a "Jonronera" y "Bateadora", se cuidaba de entusiasmarse mucho con "Fábrica de Sencillos" y bajo ningún concepto (aunque se tratara de la reina de un imperio lejano) jamás volvería a tener ningún tipo de relación con "Mala Bateadora" o "Ponchona".

No fueron ni una ni dos relaciones que Rich acabó apenas comenzaban solamente por los malos resultados en el terreno en el partido siguiente al encuentro.

El béisbol es un deporte de supersticiones, algunas más extrañas que otras, algunas menos serias que otras, pero supersticiones al fin y al cabo.

No quisiera cometer un sacrilegio, pero me atrevo a garantizarle a los fanáticos de los Yankees que es poco probable que pasen 86 años antes de que el club gane su primera Serie Mundial en el nuevo Yankee Stadium.

Al menos no me reclamen hasta octubre del 2095, cuando tendría que admitir que ciertamente funcionó el rito de la camiseta de los Medias Rojas en "La casa que construyó George Steinbrenner".

Saludos,Una de las supersticiones mas elegante y que ha sido copiada por muchos jugadores fue la de Sparki Anderson de no pisar la raya por nada del mundo,despues de el muchicimos jugadores mas tambien se mantienen con ese cuidado de no pisarla...............Tony Peña tenia un hueso que envolvia un papel lija con el cual lijaba sus bateS.